LÍNEA FIFÍ

 

Martín de J. Takagui

El pasado lunes arrancó, con una gran ceremonia en la sede del Instituto Nacional Electoral (INE), el proceso electoral federal, coincidente con comicios en los tres niveles de gobierno, que lo convierten en lo que serán las elecciones más numerosas de la historia, en donde prácticamente todo el país tendrá elecciones locales.

Los procesos electorales en México son cada día más numerosos y complicados, debido a la sobrerregulación que existe en la materia, en donde las protecciones contra las trampas y las dudas en torno al uso de recursos ilegales imponen candados legales que implican un trabajo de vigilancia muy minucioso.

La elección de 2021 apunta para ser determinante en la etapa moderna de las elecciones en México, pues en el ánimo de los mexicanos existen muchos elementos que podrían consolidar la hegemonía de Morena y el lopezobradorismo, o bien darán cuenta de un fracaso gubernamental, independientemente de los resultados buenos o malos que pueda ofrecer la actual administración.

La popularidad del presidente Andrés López Obrador es, sin duda muy alta, aunque existen movimientos y acciones aisladas que son calificadas, por el jefe del Ejecutivo, como ataques de los conservadores o estrategias para desacreditar a su gobierno.

Pero las expresiones de grupos de feministas, de víctimas de delitos y de organizaciones antagónicas al gobierno y anarquistas, han aflorado y con la indicación presidencial de no reprimir las manifestaciones, que rebasan los límites del respeto y de la legalidad, aprovechan la inacción de las fuerzas del orden público, para apoderarse de los espacios del gobierno y de la atención popular.

La ocupación de instalaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por parte de madres víctimas y mujeres, aparentemente ofendidas que amenazaron con quemar todos los expedientes de la institución, negándose al diálogo, reflejan el ocultamiento de intereses que van más allá de la exigencia de justicia.

La toma de las instalaciones de la Presa La Boquilla, en Camargo, Chihuahua por parte de agricultores que sacaron a punta de palos y amenazas a los elementos de la Guardia Nacional que resguardaban esa instalación hidráulica dio una muestra más de cómo los pobladores, convertidos en vándalos tomaron el control de la presa y cerraron las turbinas de desfogue, cancelando así el cumplimiento de un compromiso del Estado Mexicano con Estados Unidos.

Y no es que se busque complacer a los estadounidenses, sino respetar los tratados internacionales, que son ley suprema y que están por encima de intereses de grupos, de gobiernos o de un presidente de México.

Se trata de que las instituciones como la propia CNDH, o la Guardia Nacional o el Ejército Mexicano han sido ofendidos, han sido invadidos en sus atribuciones y más grave aún, en el caso de la Presa La Boquilla, se trata de instalaciones estratégicas, que deben ser resguardadas por las fuerzas armadas.

Nadie busca que a los mexicanos se les trate con mano dura, por parte de sus gobiernos, sean del orden que sean, simplemente se trata de que el gobierno es quien tiene el monopolio de la fuerza y es quien debe poner orden, es quien debe operar y resguardar las instalaciones de infraestructura.

¿De qué le sirve a un gobierno, como el actual, que cada 15 de septiembre haya un desfile militar? El objetivo de los desfiles militares es demostrar la capacidad de fuerza del Estado, es lo que garantiza la estabilidad social, el orden público y el respeto a la legalidad, sin embargo, de nada sirve tener una policía moderna, una Guardia Nacional, como la pidió el presidente López Obrador al Congreso de la Unión, cuando el comandante supremo la va a mantener atada de manos.

De no haber orden, de no poner un freno a situaciones de esta manera, cómo se puede garantizar que, para los comicios del año próximo, el INE pueda sesionar, pueda tomar decisiones como árbitro electoral, si podría estar expuesto a la inconformidad de un partido o de un grupo de ciudadanos desfavorecidos por la voluntad popular.

La sociedad mexicana no quiere masacres ni represiones, lo que anhela es tener seguridad, el respeto para el libre ejercicio de sus derechos, las garantías para la convivencia pública y el orden institucional y constitucional.

Los comicios que se avecinan son un reto muy importante para el Estado Mexicano, tienen la mayor relevancia pues están en juego más de 21 mil 600 puestos de elección popular, entre ellos 15 gubernaturas y 500 diputaciones federales.

Estos comicios serán también los más observados de la historia, de ellos depende la hegemonía de morena y el actual gobierno, los mexicanos queremos paz y seguridad, sin una fuerza pública capaz y firme, el proceso podría salirse de control.

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