Artículo de opinión

*Jorge Nuño

México, el único país al que le hemos hecho verdadero daño, es ahora el único que reza por nosotros y por nuestro triunfo.

¿No es realmente extraño?

Walt Whitman, 1864

 

El presidente de la República, Enrique Peña Nieto, ha hablado con fuerza, vigor y dignidad, recogiendo los mejores sentimientos de la nación entera, amenazada y humillada, proponiendo una negociación fundada en la razón y la justicia; frente a la sinrazón de Norteamérica, pide un trato humano, digno y respetuoso a los mexicanos, un acuerdo y compromiso responsable para trabajar juntos, en esta indisoluble realidad geográfica que une a estas dos repúblicas.

El Ejecutivo federal, en un acto de congruencia y dignidad, afirmó:

“México no pagará, por ningún concepto, la construcción de ningún muro.”

¿Hasta cuándo, hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia y permitiremos seguir siendo juguete de su insensatez? Contra las instituciones nacionales que no claudican, ni se arrodillan, ni mucho menos por medio del chantaje, la arrogancia, prepotencia, la amenaza e injusticia.

Se nos ha agredido e insultado desde el exterior, pero no estamos derrotados ni arrodillados ante nadie. Guiémonos por la experiencia de nuestro origen histórico, unámonos con nuestros héroes, refrendemos nuestra lealtad y compromiso con nuestras instituciones nacionales.  La unión hace la fuerza, sumemos fortaleza para hacer frente a las agresiones externas, que no son las primeras.

Defendamos a México con nuestro orgullo nacional e identidad.

Después de haber sido testigos de las rei-
teradas ofensas, epítetos y amenazas perversas, que tratan de vulnerar, y que han lastimado lo más profundo de nuestros sentimientos como pueblo, que es la dignidad nacional.

No debemos quedarnos callados ni mucho menos con los brazos cruzados ante tanta estulticia, que provienen de voces del norte de nuestra frontera y de cuyos nombres no quiero repetir, porque es conocido ampliamente por todos.

Éste es un campanazo histórico para no olvidar y aprender las duras lecciones de México, aprendidas a lo largo de su historia y la experiencia de la convivencia en distintas etapas con el país del norte, vecindad dolorosa, de la cual México ha sido la mayor víctima de su expansionismo y poderío. El pueblo mexicano ha sido la mayor víctima de Estados Unidos: más de la mitad de su territorio, que forman hoy siete estados de la Unión Americana, fue integrado gracias a nuestras divisiones.

De acuerdo con lo anterior, entendamos que éste es el momento de la unidad de la nación, inspirada en la defensa de principios y normas, para una política exterior digna y no subordinada, la cooperación internacional y no la estéril confrontación. Fe y esperanza en la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza bruta en las relaciones internacionales, en la igualdad jurídica de los estados, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacional.

La convivencia y vecindad no han sido fáciles. En la actualidad nos muestra un carácter violento, intolerante y arrogante, abandonando los principios fructíferos del beneficio mutuo. En tiempos de paz y en tiempos de conflictos globales, México, sin titubeos, fue solidario y aliado en contra de las potencias del eje nazi-fascista, conducta que al parecer ha sido lanzada al basurero de la historia.

México ha apostado siempre a ser una potencia, pero una potencia de la paz, fundada en la fuerza del derecho, la razón, la cooperación con todas las naciones del mundo, sin importar su régimen político ni ideológico, conducta que lo llevó a ser admirado por estos valores de respeto y de justicia ante la comunidad internacional.

Ante sorpresivas expresiones de una caterva que amenaza e insulta a todo el pueblo mexicano, a nuestra soberanía nacional y a nuestro legado histórico. Como nación debemos invocar ante este fenómeno provocador los principios de nuestro orgullo y grandeza, que anidan en un México amante de la paz, basada en la justicia, en la dignidad y el respeto a todos los pueblos y razas del mundo. El guante ha sido lanzado en contra de nuestra historia, contra Benito Juárez, cuya figura se agiganta con el tiempo por su relación en momentos difíciles, con el presidente Lincoln, el insulto es a Hidalgo, a Morelos y en general a nuestras instituciones republicanas y a nuestro orgullo nacional.

Nos están calando y poniendo a prueba nuestra cohesión, la unión y solidaridad del pueblo ante peligros del exterior.  Pero han logrado exactamente lo contrario: el despertar de la conciencia y la unidad nacional. Éste es el mejor momento de cerrar filas, con nosotros mismos, de olvidar colores, ideologías partidistas o cualquier otro obstáculo para poner de relieve la soberanía como valor supremo que reside en el pueblo, digno y orgulloso, el cual jamás vende su soberanía como una mercancía y mucho menos utilizar el rencor y el odio a gente humilde, para resolver problemas irracionales.

Hoy contemplamos con toda claridad el eterno dilema de la tradición clásica, Themis contra Cratos, es decir, la diosa de la justicia contra del poder arbitrario y la sinrazón. Ante esto debemos escoger siempre el camino correcto de la historia, la justicia de los pueblos humildes y oprimidos que no deben arrodillarse ante el abuso del poder. Porque a fin de cuentas la verdad fundada en la justicia siempre triunfa.

Éste es momento de reflexión profunda para todo buen mexicano y, como dijimos anteriormente, en la unidad de nuestra nación, que nació luchando por la sacrosanta causa de la libertad, de la opresión. Pensemos en la defensa de la soberanía a través del diálogo fructífero.

No aceptemos ni contestemos insultos, ni sumisión de nadie, cuando se insulte la dignidad nacional, porque el silencio no es debilidad, también es discurso. Se puede perder dinero, no importa, ya lo recuperaremos, pero:

Si se pierde el honor y la dignidad nacional más valdría no haber nacido.

Levantemos la cara, vivimos en momentos de una crisis global de consecuencias funestas e impredecibles para la especie humana, que podrían arrastrar al mundo a un desastre, ante este egoísmo aislacionista, en este “frágil orden internacional”, la amenaza, la confrontación y a la alteración grave de la paz y la seguridad internacional, que tanto trabajo ha costado al mundo es real. Invoquemos a la comunidad internacional para establecer instituciones sólidas para la cooperación y la paz con otro nombre: el desarrollo, requisito para una convivencia en armonía.

Respetémonos y démonos a respetar, rescatemos de la historia los más nobles sentimientos de grandeza y de respeto, pensando en el legado de aquel hombre sencillo de origen humilde, el benemérito de las Américas, don Benito Juárez, que hoy es nuestro faro de luz, que ilumina la dignidad nacional que legara para la historia un principio fundamental:

“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

*Director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo, A.C.

Tomado de Excelsior.