Tras Bambalinas

*Jorge Octavio Ochoa

México celebró el centenario de su Constitución, la primera del siglo XX, y da a conocer también la Constitución de la Ciudad de México, la primera del siglo XXI, lo que nos coloca nuevamente como un país de vanguardia… sólo en la letra.

En los hechos, seguimos siendo un país de profundas carencias, brutales desigualdades y con una clase política mezquina, que disimula su corrupción y que sólo utiliza a su conveniencia los momentos políticos.

Por ahí han surgido algunos que afirman que, tras la promulgación del decreto de Carta Magna para la CDMX, Miguel Ángel Mancera se proyecta como firme candidato para el 2018 lo cual, aparte de ser simple oportunismo, dista mucho de ser verdad.

El propio Mancera se ha encargado de difundir que el proyecto original de su mamotreto quedó plasmado en casi un 90% del texto, cuando todos los que estuvieron dentro del proceso saben perfectamente que el documento requirió de una cirugía mayor.

Con una grosera anticipación, cuando apenas empezaba el análisis del texto en la Asamblea Constituyente, el equipo del Jefe de Gobierno difundió un cuadernillo en el que daba por hecho la aprobación del referéndum y el plebiscito, sin establecer la mecánica de cómo se llevarían a cabo.

Los constituyentes le enmendaron ambas páginas y se fueron más allá, para incluir la revocación de mandato y la iniciativa popular, entre otras modificaciones de fondo que Miguel Ángel Mancera ni siquiera había contemplado.

En todo el texto se plasmó la equidad de género y se frenaron trampas y abusos como la pretendida plusvalía que buscaba Mancera colar entre líneas e inmortalizar objetivos tan absurdos como la Renta Básica Universal, que sería más incumplible que nuestro artículo 3º Constitucional.

De hecho, los Constituyentes se quedaron cortos y curiosamente los fanáticos de MORENA y AMLO se opusieron a introducir la figura de un gobierno de gabinete, donde todos los funcionarios del Ejecutivo fuesen ratificados por la Cámara de Diputados Local.

Abiertamente MORENA se negó, aduciendo que se trataba de una “intentona” partidista para detener su avance porque -dicen- el partido de Andrés Manuel López Obrador tendrá la mayoría en las próximas elecciones locales de la CDMX y alcanzará la presidencia de la República.

Vistas así las cosas ¿entonces para qué cogobernar ni repartir puestos o sujetarse a los límites del Congreso? ¿Por qué compartir el poder?

En el colmo de esa mezquindad, al cierre de los trabajos del Constituyente, MORENA exigió ser el último partido en cerrar los discursos y se quejó por el lugar que se les otorgó en el reparto físico de curules dentro de la vieja casona de Xicoténcatl. Presumían una y otra vez de su mayoría.

Lo que MORENA nunca dijo, ni mucho menos aclaró, fue la salida de Mardonio Carballo, Presidente de la Comisión de Pueblos y Barrios Originarios, que se dijo ofendido y menospreciado por sus pares constituyentes, embarrando a todos por igual, cuando en realidad la ofensa vino de una de sus propias compañeras de partido, Patricia Ruiz Anchondo.

Al margen de la anécdota, lo cierto es que la promulgación de la Constitución de la CDMX estuvo en vilo debido a la incompetencia o inexperiencia de Mardonio al igual que de Marcela Lagarde, presidenta de la Comisión Carta de Derechos, pues no tenían ni idea de cómo procesar los debates.

Diputados de otros partidos, principalmente del PAN, tuvieron que sacarles a ambos el buey de la barranca y hoy debieran estar más que agradecidos con Kenia López Rabadán y Carlos Gelista, que aportaron una enorme cualidad de concertación y dialogo.

Si alguno cree que exagero, pregunten a los propios constituyentes de la CDMX. Pero ahora Marcela Lagarde saluda con sombrero ajeno y hoy dice “ganamos, es una gran constitución porque tiene cimientos feministas”.

Sí, claro que los tiene. Pero todo fue bajo el impulso de Kenia Robles, a la que hoy nadie se atrevería a discutir el liderazgo que ejerció en ese tema durante todos los debates, con una gran inteligencia y simpatía que terminó ganándose a propios y extraños.

En fin. El hecho es que, efectivamente, hoy la Ciudad de México tiene una Constitución de avanzada, que seguramente terminará siendo la punta de lanza para modificar la actual Constitución General de la República, que se empieza a quedar anquilosada y rezagada de la realidad.

Sin embargo, a la luz de la experiencia de los debates de esta constitución local, es imprescindible entender que México requiere buscar una nueva arquitectura política para terminar, no sólo con el Presidencialismo omnímodo y peligroso, sino con el sistema de partido único.

Mantener la actual estructura presidencialista es peligroso porque está visto que un solo hombre no puede ni debe cargar con toda la responsabilidad de una nación, menos ante amenazas colosales como las que estamos sufriendo del Presidente de los Estados Unidos.

Se requiere de un esquema de partidos, con figura parecida a la de un Primer Ministro, que comparta las responsabilidades y permee la discusión de temas torales como el gasolinazo.

Sin embargo, lo paradójico es que MORENA se ha convertido en el principal opositor de los gobiernos de coalición o de gabinete. Pretenden preservar la escuela del viejo PRI, que gobernó durante 6 generaciones imponiendo su voluntad mayoritaria.

¡Qué pena que la gente de MORENA no entienda todavía este mensaje! Que triste que no sepan leer la profunda irritación que embarga a nuestro país. Lo que ya no queremos los mexicanos es partido único, ni una clase política que se perdone los pecados y se reparte la gracia.

No queremos políticos dadores de bendiciones, ni Mecías que descubren la buena nueva con cada discurso. No queremos dádivas ni repartos milagrosos de panes. Lo que queremos es cada uno ocupar un lugar y ser respetados en nuestra dignidad.

Ciudadanos, más ciudadanos es lo que necesitan los partidos, no sólo a través de sillas vacías en las alcaldías, ni dentro de un Consejo de Justicia. Los partidos tienen que hacer sentir al ciudadano, en carne propia, la emoción y la responsabilidad de gobernar.

LA TRAMOYA

Más allá de la prédica dominguera, los hechos nos siguen apabullando. Hoy sabemos que, en gran medida con el contubernio de esa clase política que nos gobierna, se han fugado de México más de 48 mil millones de dólares de dinero sucio, producto de transacciones financieras irregulares, crimen y corrupción.

México se encuentra a la cabeza de este tipo de actividades ilícitas en Latinoamérica, donde el flujo total anual fue de 101 mil mdd, señala un reporte de la CEPAL.

Las evidencias de ese tráfico ilegal de recursos y de poder permean por todo el país y en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, les fueron confiscados 54 mil dólares y equipos de radiocomunicación y cómputo a familiares del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte.

En Durango,  hoy se sabe que los medicamentos que llegaban a la Secretaría de Salud en la administración que encabezó Ismael Hernández Deras, “no se distribuían a los centros médicos u hospitales del estado y se echaban a perder en las bodegas”, según declaró el actual mandatario José Rosas Aispuro Torres.

Pero, como siempre, todo esto se sabe después de que culmina cada mandato. La danza de millones y el reparto de sobornos sólo alcanza para tapar la boca a los diputados locales hasta que acaba cada gestión.

Mientras tanto, el pánico de los mexicanos radicados en Estados Unidos se extiende. Los envíos de los mexicanos residentes en el extranjero alcanzaron el año pasado un monto histórico de 26 mil 970 millones de dólares. Es decir, casi dos veces lo que, calculan los republicanos en Estados Unidos, costaría la construcción del muro en la frontera con México.

Ello, porque ya nadie se siente seguro y piensan que en cualquier momento la migra puede tocar a la puerta de sus casas.

 

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