CIUDAD DE MÉXICO, 27 de diciembre, (MOMENTO INFORMATIVO / CÍRCULO DIGITAL).- Por primera vez para Mesoamérica, se utilizó el método de magnetización remanente pictórica, el cual analiza el magnetismo de los minerales contenidos en pigmentos rojos, para conocer la temporalidad de pinturas murales prehispánicas.

Investigadores del Servicio Arqueomagnético Nacional del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) emplearon este proceso en los murales del Templo de Venus, en el sitio arqueológico de Cacaxtla; del Templo Rojo, en el Templo Mayor; y en los Chapulines y las Estrellas, del complejo de Cholula.

El académico Avto Gogichashvili explicó, en un comunicado, que la mayoría de los tonos rojos presentes en las pinturas murales prehispánicas proviene de pigmentos que contienen partículas de hematita y magnetita.

Esas partículas son libres de moverse y alinearse con la dirección del campo magnético terrestre antes de secarse, por lo que «no se puede datar con otras tonalidades; es necesario que sea rojo para que pueda registrarse el campo magnético”.

Este proceso, en el que se estima el campo magnético grabado en los minerales de los pigmentos, fue aplicado también por los investigadores Juan Morales, Ana María Soler y Jaime Urrutia Fucugauchi.

Ellos buscaban determinar si el intervalo cronológico aceptado para las pinturas, correspondientes al periodo Clásico y Posclásico Temprano, coincidía con la datación arqueomagnética que realizaron.

En este sentido determinaron una controversia respecto de los Chapulines con una edad estimada entre 1105-1194 A.D., «pues la datación tradicional de la estructura -por medio de radiocarbono, con cerámica asociada y por medio de la secuencia constructiva- apunta hacia finales del siglo I d.C».

Lo mismo sucedió con la pintura «Templo Rojo», en la que “encontramos que su temporalidad es similar a la de las otras pinturas: entre 300 y 1100 A.D., y no la estimada originalmente, de 1829-1888 A.D.» indicó Avto Gogichashvili.

Agregó que existe la posibilidad de que la imagen haya sufrido una alteración posterior a su elaboración, en un intento de restauración o repintado, pero no se tiene la certeza.